viernes, 6 de mayo de 2011

Crítico desde lo mas gris posible (opinión)

Harto. Los blancos y negros me ponen así. Me resulta imposible pensar en los buenos y los malos, cuando todos sabemos bien que ninguno es realmente lo que aparenta.

A partir del supuesto bloqueo Clarín o problema gremial han surgido debates sobre la libertad de expresión y la libertad sindical en cuanto a las comisiones internas en las empresas, lo que derivó inexorablemente en que se haya puesto sobre el tapete la democracia argentina. Ojo, estoy feliz que estos debates se den de una vez por todas en nuestro país, lo que me incomoda son los términos y cuantas falacias y mentiras se crean para defender los propios intereses, donde el único perjudicado, en este embrollo informativo, al fin y al cabo es la gente.

Esta ambigüedad discursiva que se viene dando hace un par de años entre el grupo Clarín y el gobierno han corrido de eje las reales discusiones de este país y, a la vez, ha transformado la lógica en la cual se encuadraba el trabajo periodístico. Es decir, ahora se habla o del “periodismo militante” o de los “periodistas vendidos a los intereses de las empresas”. Sinceramente resulta absurdo poner la palabra “periodista” en esas dos frases ya que ninguna de las dos refiere, ni por poquito, a lo que el periodismo realmente es.

Por un lado el periodismo “militante”. Es cierto, no podemos impedir a ninguna persona que viva en sociedad militar por causas que le parezcan justas o valederas, de eso se trata la democracia. Pero a la vez, esta militancia, en este caso hecha desde el periodismo, atenta contra la misma democracia. El término ya lo dice,  el “militante” es quien sigue ciegamente a un líder y donde  las ordenes son netamente verticales. El problema aquí radica en que el periodismo militante pierde muchas veces la capacidad de crítica sobre el poder. El periodista no puede no ser otra cosa que oposición al poder, incomodarlo, mostrar el lado que los poderosos no quieren mostrar. Sería una tontería no desconfiar de los políticos a cargo del país, más en un país como Argentina que arrastra una larga historia de corrupción en los gobernantes.

Ya se, muchos dirán que Rodolfo Walsh, casi padre del periodismo en Argentina, militaba, como supo hacerlo cuando se unió a Montoneros. Aún así, quien sostenga esto para respaldar la noción de “periodistas militantes” estaría equivocado, ya que el escritor de Operación Masacre militaba desde la oposición. Él fue un ejemplo de periodista porque mostraba lo que los gobernantes –en ese caso los nefastos gobiernos militares- no querían que fuera visto. Militaba desde la pluma y las acciones pero sin perder la noción que para que la democracia sea pura se debe criticar al poder, porque sino éste suele aprovechar cada ventaja que le damos. Si nosotros no somos críticos de los manejos políticos de los gobernantes les permitimos hacer y deshacer a su antojo, total no tienen la mirada encima que pueda acusarlos.

Tal vez generaré polémica con mis próxima líneas en este afán de demostrar mi punto de vista en contra de este “periodismo militante”, pero yo creo que los periodistas que responden a las órdenes del gobierno kirchnerista son de la misma calaña que fueron en su momento Grondona, Gelblung y Neustad con la dictadura (no, no es un error, se merece ir en minúscula). En esto por favor ruego que no se interprete que ninguno de estos periodistas kirchneristas avalan atrocidades como las que ocurrieron acá en los ´70, sino que la comparación surge en que cumplen el mismo rol: el de legitimar mediáticamente a un gobierno. Si un gobierno hace las cosas bien no necesita que ninguna tipo de medio los ayude a hacer propaganda, no hay mejor medidor de popularidad que la calle misma, es decir, si la gente ve que las cosas van progresando, ninguna tapa de diario o placa de televisión puede convencerla de los contrario.


Por otra parte, para continuar mi crítica, también debo manifestar mi descontento hacia aquellos periodistas que responden a intereses de una empresa. Estos, al igual que los anteriores, no merecen tampoco esa nomenclatura. El periodismo nació para ser libre, para reflejar con la palabra la realidad, no para funcionar como medio de apoyo económico de los negocios de los empresarios. Cualquiera de estos periodistas –mejor dicho, personas que redactan en  un diario- que escriba lo que la empresa le diga que escriba para sustentar sus negocios deja de ser en ese instante periodista para transformarse lisa y llanamente en un simple trabajador. De más está decir que se equivocó de profesión, ya que en los bancos se puede hacer exactamente lo mismo y ganaría mucho más dinero y no tendría que hacerse mala sangre de trabajar hasta altas horas para cerrar la redacción.

Que quede claro: ambos tipos de pseudos-periodismos me parecen por igual deleznables ya que ambos atentan a lo que es la democracia en sí. Ustedes me dirán: Che Iván te confundís porque lo que se produce acá es el intercambio de ideas, esto es muy democrático. En ese sentido, acuerdo, el intercambio de ideas es siempre un signo de democracia plena, pero el dilema aquí surge cuando ambos sectores ocultan su opinión detrás de una supuesta objetividad o verdad. Sendos grupos dicen ser independientes e imparciales, pero lamento decirlo, para mi no lo son en lo más mínimo  - ya sé, no descubrí la pólvora-.

A raíz de esto, también surge el debate sobre como está nuestra joven democracia de apenas unos 28 añitos y su libertad de expresión. Devuelta tengo que hacer una doble crítica. Clarín, que tanto hablo es esto  luego del supuesto bloqueo que acusa, no puede ni siquiera hablar de  democracia y libertad de expresión. El grupo Clarín tiene un inmenso monopolio de diarios, canales, señales de televisión y radios, y ni que hablar de lo de papel prensa, ¿justo ellos vienen a decir que “este es uno de los peores momentos de la democracia”? No hay nada más antidemocrático que los monopolios mediáticos.

Por su parte, el gobierno tampoco es una niña descalza en estos temas. La verdad no veo muy democrático el hecho de utilizar el canal público –o sea de todos- para propaganda política, como lo hace fuertemente con el “Fútbol Para Todos”. Asimismo tampoco tiene mucho de democrático que no haya en la grilla programas de otros partidos políticos. El único de este tipo es “6-7-8” que apoya a Cristina. ¿Alguno de ustedes vió que el Radicalismo, el PRO o el Peronismo Federal tengan un programa? Tienen exactamente el mismo derecho, ya que el canal lo pagamos entre todos.

A fin de comprender tanto malambo discursivo y mediático quise aplicar el mayor de mis criterios críticos sobre estos dos grupos antagónicos que se presentan en la prensa. Cada hecho me lleva a pensar que no hay que casarse con nadie, con lo único que hay que seguir a muerte es con la ideología y los pensamientos. Las ideas y la crítica constante van a salvarnos, no una persona determinada. El día que entendamos esto, será allí, de una vez por todas, donde la democracia dará un salto cualitativo importantísimo en nuestro país.

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