martes, 13 de septiembre de 2011

La Justicia más ciega que nunca

Si uno ya venía dudando de la idoneidad de la Justicia argentina hasta hoy, la absolución del ex presidente Carlos Menem dio un gran paso para llegar al descreimiento total de las entidades judiciales. Tanto el senador, como su ex cuñado y asesor Emir Yoma;  el ex ministro de Defensa, Oscar Camilión y otros 15 imputados fueron encontrados inocentes por el Tribunal  Oral en lo Penal Económico 3 por la causa que investigaba la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia.


En el juicio que comenzó en octubre de 2008 y declararon 383 testigos, al actual senador por La Rioja se lo había imputado por el tráfico de 6.500 toneladas de armas y municiones entre los años 1991 y  1995 declarados con destino a Venezuela y Panamá -donde el ex presidente firmó los decretos-  pero que en realidad habían ido hacia el Ecuador  y Croacia. Ninguno de los dos países podía recibir armamento, ya que el país del meridiano  mantenía un conflicto limítrofe con Perú  donde Argentina era garante de paz; y el Estado de Europa Central mantenía un embargo de la ONU por la guerra civil.


Más allá de los detalles técnicos de la causa, este caso abre de nuevo el debate acerca de cómo funciona la Justicia en nuestro país. A raíz de los hechos queda claro como la ley funciona distinto según la condición social que se tenga, donde la justicia pasa a ser un privilegio de los ricos más que un derecho de toda la ciudadanía. ¿Cómo puede ser que ningún funcionario menemista, salvo María Julia Alsogaray,  esté siendo investigado, encausado y condenado por enriquecimiento ilícito? Recordemos que lo que robaban, nada más y nada menos, era dinero del Estado, es decir, de todos. Y, para colmo, este juicio a Menem llegó 16 años después del hecho, un dato para tener más que en cuenta.¿Hay justicia cuando llega tarde?


Y a partir de esto, donde vemos que las personas con cargos públicos gozan de un desapego de la ley, de una alevosa impunidad, es interesante  plantearse dónde quedaran los casos Schoklender, Antonini o Jaime, por ejemplo. También es saludable sopesar por qué como ciudadanos seguimos permitiendo estas diferencias en cuanto a la aplicación de la normas. 


El mismo presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricado Lorenzetti, declaró la semana pasada que hay que renovar el sistema judicial argentino, construir más tribunales orales, poner más jueces, agilizar las causas menores. La Justicia en la Argentina se encuentra en crisis, es hora de tomar acción. No hay una sociedad sana posible si no hay un apego al derecho en tiempo y forma.









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