martes, 6 de diciembre de 2011

“El tango es mi vida misma”

Entrevista a el mítico bandoneonista, Leopoldo Federico

El director y compositor de 84 años, que acaba de ganar en los Premios Gardel el mejor álbum de tango con Raras Partituras 6,  recuerda su infancia cuando su tío lo inició en el ritmo del dos por cuatro haciéndole escuchar orquestas por la radio.  A pesar de que su talento lo llevó  a tocar con grandes como Astor Piazzolla  y Julio Sosa y a girar por todo el mundo,  reconoce que tuvo “suerte”.  Hoy, casi retirado de los escenarios por problemas de salud, se repliega en su casa de Ramos Mejía y  sólo toca  el bandoneón para actos especiales.
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En chinelas, con una camisa abierta por el calor y sus anteojos de siempre, se sienta en un sillón de madera. En las repisas los premios desbordan, y son muchas las fotos con sus amigos del ambiente, aunque no más que las fotos con sus nietos y bisnietos. Él es la historia viva del tango, participe de una elite a la que muy pocos artistas han podido llegar. Es testigo de lo viejo y de la vanguardia,  y su trayectoria sintetiza casi todas las corrientes tradicionales y evolucionistas.  Pero sobre todo por su virtuosismo al  interpretar el bandoneón, desgarrándose los dedos en cada nota,  Leopoldo Federico es uno de los músicos emblemáticos que ha dejado el dos por cuatro en Argentina.  Y no duda al afirmar: “El tango es mi vida misma”.

En aquella Buenos Aires nostálgica de  mediados de los años ´30, en el barrio de Once, Federico comenzaba su primer contacto con quien sería compañero de vida: el bandoneón. Su tío, que vivía en su casa,  sin darse cuenta fue quien lo introdujo por primera vez en la música rioplatense cuando ambos se sentaban a escuchar radio El Mundo o Belgrano. “Él me hablaba de orquestas, y  yo ni idea de nada, ni se me había cruzado por la cabeza, tenía 10 años”, recuerda Leopoldo. Mientras los días iban pasando, aquellas melodías no podían borrase de la mente del joven e iba cada vez más reconociendo los estilos de cada banda  y al mismo tiempo era capaz de identificar  la “personalidad que le daban los bandoneones”. No pasó mucho tiempo hasta que comenzara a tomar clases de música con un profesor de barrio, amigo de su padre. “Empecé con el solfeo y después me compraron el bandoneón. Así como me metí en el juego de las orquestas me empecé a entusiasmar con el instrumento”, rememora. Su tío fue de vital importancia para sus inicios: “No sé si estudié bandoneón porque me atrapó o para darle el gusto a él”, confiesa entre risas mientras toma un sorbo de agua.

Leopoldo recuerda aquellos tiempos con nostalgia cuando con tan sólo 17 años –y  le decían “gordo” o “pibe”-, comenzó su carrera profesional,  favorecido por una época donde toda la sociedad respiraba tango.  En la calle Corrientes, desde Callao hasta el Bajo,  las confiterías se llenaban de gente en busca de milongas. “Era difícil pensar que en un fin de semana no habría algún baile en algún lugar de Buenos aires”, cuenta con alegría. De sus comienzos tocando en cabarets –a los cuales podía entrar porque era robusto, ya que no se permitían menores- pasó en su vertiginosa carrera a tocar con maestros como Alfredo Gobbi, Victor D’Amario y Osmar Maderna. También integro después las orquestas de Mariano Mores, Hector Stamponi, Carlos Di Sarli, Lucio Demare,  Horacio Salgan y Atilio Stampone. “Me fui haciendo de a poco, cambie muy seguido de orquesta y de todas aprendí algo”, recuerda y humilde afirma: “Tuve suerte”.

Con menos de 30 años, en 1955,  Leopoldo es convocado por Astor Piazzolla para reemplazar a Roberto Pansera en uno de los conjuntos más revolucionarios de la historia del tango: el Octeto Buenos Aires.  Uno de sus sueños se había hecho realidad, ya que para él  el mejor bandoneonista era Piazzolla. “El sumo intérprete”  como lo define. Luego, ya con su propia orquesta acompañaría a Julio Sosa, hasta su muerte en 1964, y alcanzaría la fama y el reconocimiento a gran escala. “Después de Julio sosa ya tomé un vuelo grande”, reconoce. Fue en aquella época dorada del tango cuando con su orquesta viajó a todas partes del mundo.

Cuando Federico se pone nostálgico mira al techo. Se nota que extraña ese pasado lejano en el tiempo, pero que mantiene muy cercano en su memoria. No teme en aseverar que “lo de antes fue mejor” y se pone a pensar. Tantos recuerdos llegan a su mente que tarda en poder describir con palabras lo que significó en su vida aquellas décadas del 40 hasta el 70 donde Buenos Aires vivía y sentía el tango,  alejada de toda moda extranjera. Recuerda con alegría aquellos tiempos donde el único sonido que se escuchaba en las noches porteñas era el de los fuelles abriéndose en manos de los maestros. “Tengo todo como un recuerdo, como el más lindo,  pero eso no va a volver más”, se lamenta y confiesa con voz inocente: “Extraño cuando la gente silbaba los tangos en la calle”.

-¿Qué significa el tango para usted, y en especial el bandoneón?
-El tango es mi vida misma, no encuentro palabras para definirlo. Es amor, es expresión. Las letras son poemas, hablan de una verdad de la época.  Y el bandoneón es una extensión del alma, de mi corazón y la verdad es que tengo suerte de vivir de la música y que me guste lo que hago.

Si algo distinguió la carrera de Federico fue su ímpetu a la hora de tocar. “Las notas están escritas, pero hay que interpretarlas con sentimiento”, afirma y reconoce que no sólo alcanza con ejecutar el instrumento ya que “la técnica es muy mecánica, los concertistas son unas máquinas de hacer notas”,  sino que a él lo deslumbran los que tocan con emoción. “Hay cosas en el tango que no están escritas y que no se dicen,  que se van cambiando en los ensayos, y como la mayoría somos desprolijos no lo corregimos. Ahí está la interpretación“. Aunque Leopoldo se caracterizó como artista por conjugar el virtuosismo y la pasión,  si tiene que definir su estilo se niega a hablar de sí mismo y prefiere nombrar a Pedro Laurenz o a Pedro Maffia como dos tangueros referentes que tenían ambas aptitudes.

A sus 84 años se mantiene enérgico -acaba de ganar como mejor álbum orquesta de tango en los premios Gardel- y continúa yendo todos los días a la Asociación Argentina de Intérpretes, la cual preside. A las 10 de la mañana sale de su casa de Ramos Mejía y maneja escuchando tango hacia Capital Federal para atender a los socios, firmar cheques y reunirse con el Consejo General de la entidad. También, de vez en cuando,  lo van a visitar sus amigos del ámbito musical. Aunque reconoce que tiene problemas de salud que lo afligen, asegura que se mantendrá activo. “No quiero entregarme, de acá –se señala la cabeza y las manos-, funciono”. Aún así, tampoco se priva de descansar. “La verdad es que estoy un poco cansado. Si veo que esta todo tranquilo, me vengo temprano para mi casa”. Allí recibe esporádicas visitas de sus nietos más chicos y de sus tres bisnietos. Su hijo Daniel va frecuentemente  a tomar mates con él,  o a mirar los partidos de Racing.

Aunque sea difícil de creer, en la cotidianeidad de Leopoldo el bandoneón queda abandonado, mientras realiza sus obligaciones. “Tengo la muy mala costumbre de no tocar, soy un vago. Cuando estudié fui un enfermo del instrumento, me quedaba horas y horas”. Los problemas físicos son el principal impedimento para hacer lo que quiere, pero cuando se junta con su viejo compañero para tocar en diferentes actos se lo ve vital, el instrumento todavía lo atrapa, lo conmueve y por sobre todas las cosas, le da placer. “A pesar de los dolores agudos cuando estoy en el escenario tocando se me borra todo de la mente, me concentro tanto con lo que hay que tocar que dejo todo de lado, no me importa si después me duele”, cuenta.

-¿Cómo ve el futuro del tango? ¿Puede continuar con algunos cambios?
- Lo de antes fue mejor, como fuente de trabajo. Igualmente  hay muchos chicos buenos ahora, yo no creí que los pibes se animaran a hacer orquestas grandes. Igual la mayoría dejan mucho que desear, pero a mí también me pasó. El derecho de piso hay que pagarlo. Pero el problema es que por la  mala situación de la industria de la música los artistas de hoy se regalan económicamente. Si las cosas de  entonces, cuando yo tocaba,  hubieran estado tan complicadas como ahora yo no habría podido vivir del bandoneón. En cuanto a otras vertientes como el tango electrónico  para mí eso es una basura, no me dice nada, no hay melodía. No es un ritmo de tango.

Federico es sinónimo  de tango, de sus mejores y más logrados intérpretes, considerado desde hace tiempo como uno de los grandes maestros de la historia. No sólo mantiene viva la llama del baile de cortes y quebradas sino que la conserva en alto, él es la fuente para que el género no entre decadencia, dejando, aún hoy a sus 84 años,  muestras de su  talento inagotable en cada escenario al que se suba. Tocó con músicos de la talla de Salgán, Piazzolla y Pugliese,  y  ha dejado más de 50 composiciones, donde se encuentran obras tales como “Bandola zurdo, “Capricho otoñal” ,“Pájaro cantor”, “Milonguero de Hoy”, “Almada de Tango”, “Siempre Buenos Aires”, entre otras. Ha hecho giras por todo el mundo, desde Francia y Finlandia, hasta Chile y Colombia.  Pero más allá de todos sus logros y méritos, en el living de su casa  se muestra tal como es: un abuelo que, con sus chinelas y ropa cómoda, disfruta de su tiempo en familia. 

sábado, 3 de diciembre de 2011

“La función del arte es educar la intuición”

Entrevista a Daniel Zimmermann, artista plástico.

El pintor, dibujante y escultor humanista asegura que la actividad artística debe ser capaz de mostrar las imágenes que no se ven, lo que no es advertido. Aunque  sus trabajos busquen el sentido abstracto y simbólico devenido de los sueños, fue él quien confeccionó la estatua de  “Mostaza” Merlo en 2001, cuando Racing salió campeón luego de 35 años.
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Daniel Zimmermann es un tipo tranquilo y que además contagia esa calma. Su apariencia, alto y con anteojos de moda en la década  del ´90, hace suponer que su vida está ligada al arte o a alguna actividad intelectual. Antes de comenzar a hablar prepara un café, casi como una necesidad para poder  charlar. Vive en un departamento  en el barrio porteño de La Paternal, bastión del equipo de fútbol Argentinos Juniors y lugar donde haría sus primeros acordes  el guitarrista Norberto “Pappo” Napolitano. Mientras hierve el agua en un jarrito, balbucea algunos comentarios acerca del calor y de alguna noticia del día. Aunque estudió en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano y también en La Quiaca y en Europa, se define como “autodidacta”. Como artista plástico, reconfigura su  paciente personalidad: allí es sagaz, obstinado, esforzado, trabajador.  Modela, pinta y dibuja, y siempre realiza una ardua labor para llegar al producto final. “Yo no le hago asco a nada, esa es la verdad”, bromea.
“Que la inspiración te agarre trabajando es fundamental”
En una interpretación vaga y primaria acerca del arte se tiende a pensar que es una actividad ociosa, más recreativa, que poco tiene que ver con sudar la gota gorda, y que, más bien, es un hecho que depende de la suerte de la inspiración del artista. Zimmermann se opone, en su modo pacífico, a esta concepción. “Que la inspiración te agarre trabajando es fundamental”, asegura, pero a la vez reconoce que primero “hay que tener una base, tener oficio” para que pueda ser aprovechada. Y bromea: “La manzana le cayó a Newton y no al que estaba al lado; la inspiración debe caer en un ´campo fértil´”.
Las catorce mudanzas antes de los cinco años de edad por el trabajo de su padre – que se encontraba en el Ejército- dejaron una huella de desarraigo en él. “No soy de ninguna parte”, confiesa. Nació de casualidad en San Luis,  pero ha vivido desde Tucumán hasta Esquel. Luego, en su juventud, cuando pudo decidir asentarse, optó por seguir viajando, ya como parte de su incursión en el Humanismo. Con el movimiento viajó por todas partes del mundo,  desde Europa hasta Bolivia, y todos esos recónditos lugares fueron influyendo en su trabajo, aunque  a la vez también le imposibilitaban su desarrollo pleno como artista, ya que no podía llevar consigo las esculturas en su vida nómada.
Cuando tiene que hablar de los motivos de sus realizaciones es tajante: “Mi obra parte desde mi hígado, desde mis vísceras pero también parten desde mis sueños”. En su manera de concebir el arte, los sueños juegan un rol fundamental como formadoras de concepciones ambiguas ante el ojo del espectador.  La ambigüedad es ese toque maestro de su obra. Zimmermann interpela, dice pero no dice, quiere trasmitir un mensaje. “No quiero ser literario, siempre quiero aludir, para favorecer la interpretación. Que haya un trasfondo más profundo, no tan periférico”.
“Mi obra parte desde mi hígado, desde mis vísceras pero también parte desde mis sueños”.
Aunque no piensa su obra hacia un destinatario tangible, a la vez reclama que el círculo se complete con la  interpretación de quien aprecie su trabajo. “Como premisa, yo no hago cosas que a mí no me conmuevan. También busco que al otro le conmueva algo, pero no sé ni quién es. No puedo pensar lo que pueda ver el otro porque no lo sé. Pero a la vez,  a mí me alimenta que después otro me diga cosas sobre mi obra”.
Si tiene que definir el arte se pone pensativo. Toma un sorbo largo de su café negro y mira sus cuadros. Cuando ya el silencio se torna incómodo escupe: “La función del arte es educar la intuición”. Reconoce que nunca se lo había planteado, que su trabajo se basa más en la experiencia y no tanto en la reflexión acerca de ella. En ese sentido,  plantea que “lo importante es la cosa expresiva, lo comunicante, sino no estás hablando de arte”. Y la abstracción continúa. Se ha despertado en él una serie de interrogantes que buscan su resolución. “Muchas de las cosas que nosotros hacemos dependen de las imágenes, de acuerdo a las imágenes que vamos teniendo y cómo las emplazamos internamente  determinan las respuestas que vamos dando al mundo”.  Para él debe ser el arte ese modo de operar que enseñe a mirar las cosas que no se ven, que no se tienen en cuenta,  y que cree sujetos “receptivos de lo no advertido”, lo que él llama la “ilusión negativa”.
A la vez que crecía en él el mundo artístico lo hacía también el mundo filosófico y político. Zimmermann fue uno de los primeros humanistas siloístas a fines de los años ´60. Silo, fundador del movimiento humanista,  quien además fue su amigo y su guía espiritual,  influenció mucho en su obra, pero sobre todo en su manera de ver el mundo. “Silo me modificó en un proyecto vital, en donde yo quería centrar mi vida, que no es poco. Centrar mi vida en un proyecto, en un sentido, en eso me cambió”, recuerda y se pone nostálgico. En la visión humanística se pone como centro al humano y ese fue su eje rector a la hora de realizar una obra. Aunque no fuera adrede, siempre en sus pinturas, esculturas o dibujos quedan vestigios de ese gran peso del Humanismo en su cosmovisión. “Lo que hace el movimiento humanista  es una apelación a la trascendencia, a lo inmanente. En mis obras quiero aludir a ese tipo de cosas”, asegura y remata: “Fue Silo quien me enseño a tener la libertad de no jugar con lo inmediato”.
Ser humanista le vale también ser muy crítico de formas actuales del arte y, al mismo tiempo, bregar, dentro de sus posibilidades, por la paz y la no violencia en sus trabajos. “Traducir imágenes  de no-violencia es más difícil que trasmitir imágenes de violencia, que tenemos un repertorio infinito. Tenemos todo un sistema trabajando para darte esas representaciones,  bombardeándote desde chiquito, además haciendo apología. Es brutal”. “La violencia es deshumanizante”, se queja.
Aunque se caracteriza por ser un artista plástico que trabaja con lo simbólico, con lo abstracto, Zimmermann también se ha dado el gusto de tener su cable a tierra. Fue él el responsable de confeccionar la estatua de “Mostaza” Merlo, cuando en 2001 el director técnico sacó campeón a Racing luego de 35 años. Aunque de fútbol sabe sólo que la pelota es redonda – tal como confiesa-, decidió embarcarse en esta aventura por el pedido de un amigo de una alumna suya. “Lo hice porque lo puedo hacer, no porque quiera dedicarme a eso”, se excusa, aunque reconoce que fue “una anécdota feliz”.” Me divertí mucho, lo hice con mucho gusto. Porque vi de donde venía eso, de la pasión,  de  ese sentimiento religioso primitivo, de ídolo, de algo profundo”.
Cuando su café se acaba la conversación entra en degradé. Era verdad que el café era su combustible para charlar, aunque habilidades para ello no le falten. También se pone pensativo -mientras mira su taza vacía y juega con la cuchara- cuando se le pregunta acerca de por qué hace arte. Aunque se nota que está revisando en su mente viejos recuerdos y anécdotas, no duda al responder: “Hago  arte porque algo me conmueve y porque tengo la aptitud y porque lo disfruto. Es una necesidad”.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Crisis alimentaria mundial: mejor no hablar de ciertas cosas

       Mientras muchos líderes mundiales –los que todavía no se fueron- aseguran que el ajuste es la única y gran salvación de los “mercados” – habría qué ver que son- y se ocupan solamente de la rama financiera de la crisis económica mundial, son pocas las voces que se alzan advirtiendo temas de fondo, más  graves y  crueles. La crisis alimentaria se agrava en el 2011 a causa de que bancos, fondos de inversión y brokers apuestan con los precios de los alimentos básicos en el sector financiero desregulado y producen  la suba del costo por tonelada. Agregado a esto, en los últimos años se ha comenzado a incitar el área de los biocombustibles, que ha iniciado una carrera entre los alimentos que son para consumo y los que son para experimentación.
       Mientras los dueños del capital especulan en la timba financiera y otros empresarios apuestan a los combustibles a base de oleaginosas, los que más sufren en esto son lo que menos tienen, los que ven vulnerado su derecho básico a comer a causa de la codicia de unos pocos. Mientras muchos medios de comunicación muestran cómo salvan a bancos quebrados, y cómo aplican ajustes en tal o cual país, nadie habla del efecto real de esta crisis estructural del capitalismo: hay gente que muere de hambre.
       La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estimó que con 30.000 millones de dólares anuales se solucionaría el problema mundial de alimentos. Tal como se ve la decisión de acabar con el hambre en el mundo es política y ética más que económica. Pero, la mayoría de los Estados prefieren mirar hacia el costado, bregando más por los intereses de las grandes corporaciones multinacionales que por los de las personas hambrientas en el mundo. Está por ejemplo el caso de América, donde en el año pasado se produjo alimentos para 1.600 millones de personas pero la tasa de desnutrición infantil es del 16 % y el 50% de las madres que mueren anualmente por pobreza, lo hacen por desnutrición.  A nivel mundial, mueren 26 mil chicos por día por inanición. Tal como explica el Doctor en Economía, Bernardo Kliksberg, “el neoliberalismo no es sólo mala política económica: tiene una serie de implícitos que diseminados han permitido que tenga un sostén social.
       La crisis mundial de los alimentos básicos comenzó a tener su apogeo a mediados de 2008 cuando aumentaron su precio hasta tocar techos históricos. En la actualidad, los precios han vuelto a aumentar de manera exponencial. Entonces, hay que preguntarse por qué los líderes mundiales, a pesar de saber los imponderables de tres años atrás, dejaron que el sector financiero continúe desregulado.  El aumento de los precios de los alimentos ni siquiera obedece a causas técnicas o climáticas sino que responde profundamente a las políticas  de los modelos agroindustriales de producción y la desmaterialización del mercado alimentario.  Pero, sobre todo, hay un modelo productivo de alimentos basado en el petróleo y por tanto ligado al  precio del barril de crudo.
        La volatilidad de los precios alimentarios es una buena noticia para una pequeñísima élite, para  aquellos que especulan con ella y la provocan allí en la Bolsa de Chicago.  Es una mala noticia para todo el resto de la sociedad que debe hacerse cargo de los costos. Se calcula que la crisis de 2008 produjo un  incremento de las personas desnutridas en casi 100 millones.
        Como si la situación alimentaria no fuese lo suficientemente crítica, el relativo nuevo mercado de oleaginosas como fuente de energía amenaza con emporarla.  “Con el biocombustible se ha desatado una competencia feroz entre los estómagos de los podes y los motores de automóviles”, aseguró Kliksberg en una entrevista para Miradas Al Sur. En Estados Unidos, uno de los mayores productores de maíz en el mundo,  la tercera parte de ese cultivo  destinada para alimentos despareció del mercado y fue transferida al biodiesel. “No son circunstancias azarosas, ni casualidades, ni coyunturas. Son incentivos perversos que juegan en esa dirección”, remató el doctor en Economía.
        Ante esta crisis estructural del sistema capitalista como tal, las visiones acerca de una posible solución a corto plazo cada vez tienen menos adherentes. Mientras los gobiernos se manejan como títeres de las grandes empresas multinacionales, todo indica que la sentencia del periodista Ignacio Ramonet  en su editorial “Generación sin futuro”, tenía razón: “El mundo ha ido peor. Las esperanzas se han desvanecido. Las nuevas generaciones tendrán un nivel de vida inferior al de sus padres. El procesos globalizador neoliberal brutaliza a los pueblos, humilla a sus ciudadanos, despoja de futuro a los jóvenes”.

martes, 18 de octubre de 2011

La ambición y la ignorancia son las armas de destrucción masiva

  "La guerra es el arte de destruir hombres, la política es el arte de engañarlos", explicó el filósofo Jean Le Rond D´Alambert a mediados del siglo XVI. Todo un visionario, si se piensa como en la Guerra de Irak se cumplió a ultranza su premisa, tal como lo muestra el documental Control Room, del director egipcio Jehane Noujaim. Allí, en ese conflicto, no sólo hubo bombas cayendo y soldados enfrentándose entre sí, sino que hubo centenas de miles de civiles irakíes  que murieron por la voluntad intempestiva de los poderosos estadounidenses, guiados por la ambición y la ignorancia.
   
Realmente tenía razón el pensador 300 años antes, sin siquiera imaginar que este hecho ocurriría. En esta contienda se vio claramente como la ciencia y la tecnología se combinaron para destruir hombres. Se calcula que entre 150 mil y un millón de personas murieron. Pero no sólo se asesinaba, sino que a la vez el gobierno de George W. Bush engañaba. Vendió que la guerra era para "liberar al pueblo iraquí"  e instauró ese pensamiento en la sociedad norteamericana, única capaz de deslegitimar el conflicto. 
  
 Asimismo en su discurso del Comienzo de la Operación Libertad Iraquí, del 22 de marzo de 2003,  anunció que iban a "desarmar a Irak de armas de destrucción masiva, para terminar con el apoyo de Saddam Hussein al terrorismo", cuando hasta el día de hoy ese armamento no se ha encontrado en el país árabe. De igual modo,  Hussein  no tenía contacto con Al  Qaeda, tal como lo comprobó el FBI luego del interrogatorio a Tarik Asis, representante oficial iraquí en el extranjero y Ministro del Exteriores. Es más, el dictador  detestaba a Bin Laden y sus compañeros.
   
Más allá de los datos duros de la guerra, esta contienda fue el punto culmine de  la  opulencia  que Estados Unidos venía mostrando desde el fin de la Guerra Fría. El país americano  exhibió su poder al mundo -desatendiendo las órdenes del Consejo de Seguridad de la ONU- y  enseño que su ambición puede más que cualquier otra voluntad para ir en busca del único objetivo de la invasión: el  petróleo.
   
Estados Unidos tomó una causa justa- la libertad y la democracia- pero  con fines impuros. Hoy, ya anunciada la retirada final hasta diciembre, muchas voces dicen que dejarían 3 mil soldados. Aunque,  por las dudas, controlan todas las petroleras e  hicieron una embajada como un castillo.   A Irak,  su "liberación", le costó muchísimas vidas y es ahí lo deleznable del asunto.  Los "yankis", por su parte, hicieron algo muy difícil: convertir la vida de los iraquíes  más miserable que cuando estaba el dictador.

lunes, 17 de octubre de 2011

El Peronismo: ¿Todo o nada?

Hoy, 17 de octubre, todos los argentinos sabemos que ocurre: el día de la lealtad peronista. Pero, como tantas otras fechas, no sabemos bien qué es, por qué se festeja, quiénes la festejan. La razón de tal complicación es que no sabemos bien qué es el peronismo, no sabemos cuál es el exponente máximo de esa fuerza política, ni dónde está. Si dos personajes políticos antagónicos, con diferentes planes de gobierno, se autodenominan "peronistas" ¿a quién debemos creerle? Es un concepto tan amplio que a la vez que dice todo no dice nada. Todo puede ser peronista, y a la vez nada puede serlo. ¿Qué es lo único que sabemos del peronismo?  Que significa poder, que significa hoy en la argentina el medio por el cual obtener el poder. Significa ese cartel que varios políticos cuelgan en su frente para conseguir votos, usufructuando un imaginario colectivo instalado hace ya varias décadas que nadie sabe bien qué representa.

El peronismo se puede definir como contradicción, como conflicto, en la más filósofica de las acepciones. Es que es realmente un concepto tan ambigüo que puede tener dos vertientes tan disímiles en sus concepciones pero a la vez sentirse parte de un mismo ideario político. ¿Cómo puede ser que "la derecha" y "la izquierda" puedan convivir en un mismo partido? Muchos peronistas de distinto pelaje dirán: "Es un movimiento amplio", pero al ser un "movimiento" tan vasto pierde su real significado. Si quiere decir todo no quiere decir nada.

¿Cómo puede ser que el líder del partido, Juan Domingo Perón, haya integrado un golpe de estado en el ´43 y mantuviera ideas fascistas y, a la vez, haya hecho escuelas y hospitales como nunca en la historia? ¿Cómo puede ser que a la vez que cooptaba medios de comunicación mejoraba la situación de los trabajadores? Y así se suceden miles y miles de contradicciones dentro de un partido que la única idea base es "la justicia social", pero la realización varía según la conveniencia coyuntural, es decir, que  puede hacerlo desde  un gobierno autoritario, o uno democrático, o un gobierno de izquierda, o  uno de derecha, o uno populista, o uno neoliberal.

Podría escribir hojas y hojas de qué es y qué no es el peronismo y así lo han hecho muchísimo autores. Pero lo que quiero recalcar es cómo ciertos personajes políticos se aprovechan de aquella vana idea que tenemos todos en el  imaginario para usarla como si ellos fueran parte de ella. Quiero decir, todos tenemos instalados el mito de que "el peronismo es el único que puede gobernar", entonces muchos políticos aprovechan ese "saber" popular para ponerse el mote de peronistas y de ahí intentar ganar elecciones. Pero a la vez, esa concepción vaga que tenemos del justicialismo no quiere decir nada, no refiere a nada concreto, a nada palpable. O, si se quiere ser optimista, a todo.

sábado, 8 de octubre de 2011

La manzanita puso en evidencia la lógica

La muerte y  la posterior glorificación del CEO de Apple, Steve Jobs, puso otra vez en evidencia cómo ha sido trastocada la lógica con que los seres humanos nos pensamos a nosotros mismos. Deberia corregirme y decir: como ciertas personas crearon el sistema para que nos pensáramos así a nosotros mismos. Los valores, los ideales y el compromiso social han sido transformados, llevados a una banalización  que cada día crece  más, y que ya llega al punto de la sinrazón. Hemos burocratizado hasta las “revoluciones”.

Nadie niega que el creador del Ipod, Iphone y Ipad haya sido un gran tipo al cual hay que reconocerle su don de gente. Eso lo sabrán las personas que realmente lo conocen. Lo que hay que analizar detrás de toda esta parafernalia de la beatificación de un empresario  de informática es cómo se intenta glorificar su aporte a la sociedad. Yo creía que las personas que aportaban innovación tecnológica,  eran eso: innovadores, no mucho más. Pensaba que la cualidad de “genio” o “revolucionario” se les daba a los personajes más influyentes, a los que hicieron algo por cambiar el injusto mundo, o los que por lo menos, sin importarles el porvenir, lo intentaron. No, ahora una persona destacada es quien hace que un grupo selecto de personas pueda utilizar aparatos lindos y útiles para escuchar música, hablar por teléfono y navegar por internet.

El punto de la cuestión es que mientras Steve Jobs es venerado por miles tras su muerte, personas que realmente idearon cambios significativos en la sociedad, para hacerla más inclusiva e  igualitaria, son olvidados. Tendríamos que prenderle velas y hacer fuerza por aquellos que pidieron y siguen pidiendo democracia en el mundo, tendríamos que venerar a aquellos que han dado su vida por la paz, tendríamos que ponernos del lado de los que piden que las cosas cambien, que sean mejor.

La lógica del capitalismo posmoderno y la sociedad de consumo es ésta. Beatificar a un empresario que innovo en tecnología mientras miramos con miedo –y a veces con repudio- a jóvenes chilenos que piden educación pública, o a militantes árabes que piden que caigan las dictaduras,  o, inclusive, a campantes estadounidenses que piden que Wall Street acabe con sus maniobras perversas en la economía.

Las ideas se han erigido con una banalización cada vez más creciente –y no sin un propósito- por los líderes mundiales que manejan la economía y el sistema, al punto en que no podemos pensar otra que las estúpidas ideas que reproducen los medios de comunicación. Y esto no fue sin querer, todo estuvo pensando. Sería ingenuo creer que todos pensamos, vivimos y actuamos en una lógica que de casualidad ayuda a que las cosas se mantengan así de desiguales, donde la riqueza va para unos pocos y otros muchos son olvidados. No por nada sabemos más de Bill Gates o Steve Jobs, que de Mahatma Ghandi o Martin Luther King.

viernes, 7 de octubre de 2011

Los olvidados en el mundo

En un mundo tan cruel como el de hoy, ellos son la última prioridad, son los olvidados, son a quienes se les esquiva y se les corre la cara. Y, si se los mira, es una mirada de desaprobación y rechazo. Los refugiados ocupan ese lugar en el que nadie quiere estar.  Desterrados, se ven obligados a partir en busca de un destino muchas veces desconocido, hacia un nuevo país en el que la vida no promete nada bueno.


Aunque están protegidos por la Convención de 1951 de la ONU, los refugiados cada vez son más – hasta ahora 10,55 millones-  y en peores condiciones, azotados hoy por la dura crisis económica. “Tenemos que atender situaciones más complejas con pocos recursos”, asegura Juan Pablo Terminello, consultor del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Argentina.

La mayoría provienen de Afganistán e Irak, a causa de las guerras. Y hoy en día también se ve muy en aumento la cantidad de desterrados en el Norte de África, expulsados por las revoluciones de la “Primavera Árabe”. Asimismo, el cambio climático y los desastres naturales ya hicieron movilizar a 43 millones de personas, que se encuentran desprotegidas ya que estas causas no entran en la condición de “refugiado” para la ONU.


El rol central en este problema lo llevan los Estados, aunque algunos han decidido darle la espalda a la situación.  El presidente  francés, Nicolás Sarkozy, no permitió el acceso de refugiados libios a su país. Luego, impidió que un tren proveniente de Italia con exiliados de Túnez  llegara a París, alegando que habría problemas “de orden público”. Inclusive, Berlusconi, mandatario de Italia, bromeó acerca del  tema: “He comprado barcos pesqueros para que no puedan ser utilizados para el éxodo de tunecinos”.  En España, de las 8 mil personas que solicitaron el derecho de asilo el año pasado fueron rechazadas casi 6.800, según datos del ACNUR. Sin embargo, paradojalmente,  cuatro de cada cinco refugiados vive en países en vías de desarrollo.
“Las políticas restrictivas son una contradicción en la cultura global”, asegura la socióloga especialista en migraciones, Gladys Baer, y explica que esos estados europeos “sienten a los migrantes como una amenaza para sus propias sociedades y así aplican estas medidas”. Para Terminello, estos gobiernos “tienen que relajar y permitir el ingreso”. María Susana Guasti, Coordinadora General  de la SENNAF, del Ministerio de Desarrollo Social, es aún más enérgica: “Son políticas discriminatorias, son terribles”. En cambio, Valeria Allo, jefa del Área de Capacitación y oficial de Elegibilidad de la Comisión Nacional de Refugiados,  relativiza el tema y asegura que estas administraciones “sólo tienen intereses nacionales distintos, objetivos distintos”.

Además de soportar la indiferencia de los Estados, los expatriados muchas veces deben lidiar con el repudio de la gente. “En las etapas de crisis y recesión económica en la sociedad suele aflorar el rechazo”, afirma Baer. Allo, por su parte, advierte que las acciones discriminatorias “son posiciones que tienen base en la desinformación, en la ignorancia”. Por el contrario, Ana María Cortés, Coordinadora área Mercosur y asuntos internacionales del Ministerio de Desarrollo Social, señala que “cada caso es diferente”, ya que hay refugiados que logran adaptarse muy bien. Baer, por su parte,  esperanzada concluye: “Es importante que contribuyamos a la integración y a no separarlos”.


Los gobiernos deben comenzar a hacerse cargo de los problemas y dejar de mirar hacia el costado, ya que como asegura Terminello, “hay un llamamiento constante desde la ACNUR a los Estados del mundo para que recuerden lo que se han comprometido con respecto a los refugiados”. Igualmente, es hora de comprender que los desterrados son parte de todos  y  que su aceptación es en beneficio de toda la gente  ya que, tal como Guasti expresa, los refugiados  “contribuyen a una sociedad más abierta y más inclusiva”.