viernes, 7 de octubre de 2011

Los olvidados en el mundo

En un mundo tan cruel como el de hoy, ellos son la última prioridad, son los olvidados, son a quienes se les esquiva y se les corre la cara. Y, si se los mira, es una mirada de desaprobación y rechazo. Los refugiados ocupan ese lugar en el que nadie quiere estar.  Desterrados, se ven obligados a partir en busca de un destino muchas veces desconocido, hacia un nuevo país en el que la vida no promete nada bueno.


Aunque están protegidos por la Convención de 1951 de la ONU, los refugiados cada vez son más – hasta ahora 10,55 millones-  y en peores condiciones, azotados hoy por la dura crisis económica. “Tenemos que atender situaciones más complejas con pocos recursos”, asegura Juan Pablo Terminello, consultor del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Argentina.

La mayoría provienen de Afganistán e Irak, a causa de las guerras. Y hoy en día también se ve muy en aumento la cantidad de desterrados en el Norte de África, expulsados por las revoluciones de la “Primavera Árabe”. Asimismo, el cambio climático y los desastres naturales ya hicieron movilizar a 43 millones de personas, que se encuentran desprotegidas ya que estas causas no entran en la condición de “refugiado” para la ONU.


El rol central en este problema lo llevan los Estados, aunque algunos han decidido darle la espalda a la situación.  El presidente  francés, Nicolás Sarkozy, no permitió el acceso de refugiados libios a su país. Luego, impidió que un tren proveniente de Italia con exiliados de Túnez  llegara a París, alegando que habría problemas “de orden público”. Inclusive, Berlusconi, mandatario de Italia, bromeó acerca del  tema: “He comprado barcos pesqueros para que no puedan ser utilizados para el éxodo de tunecinos”.  En España, de las 8 mil personas que solicitaron el derecho de asilo el año pasado fueron rechazadas casi 6.800, según datos del ACNUR. Sin embargo, paradojalmente,  cuatro de cada cinco refugiados vive en países en vías de desarrollo.
“Las políticas restrictivas son una contradicción en la cultura global”, asegura la socióloga especialista en migraciones, Gladys Baer, y explica que esos estados europeos “sienten a los migrantes como una amenaza para sus propias sociedades y así aplican estas medidas”. Para Terminello, estos gobiernos “tienen que relajar y permitir el ingreso”. María Susana Guasti, Coordinadora General  de la SENNAF, del Ministerio de Desarrollo Social, es aún más enérgica: “Son políticas discriminatorias, son terribles”. En cambio, Valeria Allo, jefa del Área de Capacitación y oficial de Elegibilidad de la Comisión Nacional de Refugiados,  relativiza el tema y asegura que estas administraciones “sólo tienen intereses nacionales distintos, objetivos distintos”.

Además de soportar la indiferencia de los Estados, los expatriados muchas veces deben lidiar con el repudio de la gente. “En las etapas de crisis y recesión económica en la sociedad suele aflorar el rechazo”, afirma Baer. Allo, por su parte, advierte que las acciones discriminatorias “son posiciones que tienen base en la desinformación, en la ignorancia”. Por el contrario, Ana María Cortés, Coordinadora área Mercosur y asuntos internacionales del Ministerio de Desarrollo Social, señala que “cada caso es diferente”, ya que hay refugiados que logran adaptarse muy bien. Baer, por su parte,  esperanzada concluye: “Es importante que contribuyamos a la integración y a no separarlos”.


Los gobiernos deben comenzar a hacerse cargo de los problemas y dejar de mirar hacia el costado, ya que como asegura Terminello, “hay un llamamiento constante desde la ACNUR a los Estados del mundo para que recuerden lo que se han comprometido con respecto a los refugiados”. Igualmente, es hora de comprender que los desterrados son parte de todos  y  que su aceptación es en beneficio de toda la gente  ya que, tal como Guasti expresa, los refugiados  “contribuyen a una sociedad más abierta y más inclusiva”.

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