Con la desregulación financiera comenzada en tiempos de Reagan y sus sucesores, pero pensada por los gurus económicos y secretarios del Tesoro Alan Greenspan y Robert Rubin, se comenzó a gestar el actual colapso del capitalismo, uno de las más importantes en sus 400 años de historia. Mediante el achicamiento de la participación del Estado en la economía en los años `80, se inició un período de frecuentes crisis, donde los ricos especularon a su antojo y las pérdidas las pagaron, una vez más, los pobres.
La quiebra del Lehman Brothers y AIG, y la venta de Merrill Lynch no fueron la causa del gran fraude mundial que vemos hoy, sino que fueron la consecuencia de los manejos sucios e irresponsables de los banqueros más importantes del mundo y sus cómplices predilectos: los sucesivos secretarios del Tesoro de Estados Unidos. Los CEO de los bancos especularon como quisieron en la Bolsa con dinero de millones de contribuyentes mientras llenaban sus bolsillos y, cuando hubo que pagar, se hicieron cargo con el dinero y casas de los clientes. Los encargados de regular la actividad financiera del gobierno obviamente hicieron su parte: desregular el mercado, dejar sin vigencia leyes aseguradoras de 1930 y, sobre todo, mirar hacia un costado para no investigar crímenes económicos perpetrados por los más poderosos lobbistas del mundo.
Los responsables no sufrieron consecuencia alguna a causa de esta crisis. Sus bancos fueron salvados por el Estado y son más poderosos que antes; algunos volvieron a sus universidades a dar clases de economía; otros quedaron como consejeros y ensayistas; y otros, aún más impunes y afortunados, siguen siendo parte del gobierno “progresista” de Barack Obama, como Timothy Geithner como Secretario del Tesoro, Ben Bernanke como presidente de la Reserva Federal y Larry Summers como consejero económico.
No hay comentarios:
Publicar un comentario